Y aún no regresan

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Cuando E (no pongo su nombre ni su cara, porque a sus 9 años ha decidido no ser pública en el ciberespacio) me pidió si podía poner sus manos llenas de pintura en la pared de mi garage, pensó que le daría un rotundo “¡NO!”. Al tranquilamente darle permiso, plasmó no sólo decenas de sus manos, sino que me regaló este hermoso autorretrato que dice tanto y que me hace tan feliz cada vez que subo a mi coche y lo veo por la ventana del copiloto, lugar donde casualmente quedó dibujado este enorme corazón.

Y se me hace que ya no regresarán (las neuronas de las que hablaba en mi entrada anterior).

Pero bueno, al menos en estos últimos meses de crisis y repaso mental de lo que es mi vida actualmente, me vino la iluminación y con ello la aceptación de que por más que quiera encontrar el equilibrio perfecto entre familia y profesión, éste no existe, y que al menos ahora la balanza se inclina del lado de todo lo que no es mi vida profesional.

Decidí ir más lento y hacer movimientos estratégicos que ahora me permiten llevar mi profesión desde casa, trabajar con Cristina en mis brazos, preparar la comida y cerrar la laptop justo a tiempo para ir al parque o al gimnasio (Cristina va conmigo y se queda en el Kids Club de Equinox, si me preguntan, el mejor dinero invertido hasta ahora).

¿Les dije que ya no trabajo los fines de semana, como antes?

Y es que en el periodismo existen dos mundos entre los cuales yo siempre he oscilado: hard news y soft news, en ambos existe un término que decide a qué hora sales, si ves o no a tus amigos, si te esperan o no a cenar en casa, si puedes ir o no a la boda de tu mejor amiga, si pasas la Navidad en casa, o sea, tu vida en general y se llama Breaking News.

Eso que causa tanta adrenalina y que provoca una relación esquizofrénica de amor y odio hacia esta profesión es lo que hace que en las redacciones existan tantos divorcios, tantas mujeres solas, tantas mujeres abandonadas en casa, tantas copas y fiestas a deshoras, tantos amores clandestinos de redacción y en mi caso, tanta tristeza acumulada de no ver a mi familia los fines de semana y de ausentarme durante los demás días de trabajo hasta 12 horas al día (traslado incluído).

Cuando me llegó la oferta de lanzar tres sitios de moda y belleza en español desde mi casa, me costó poco tomar la decisión de dejar a un lado esa competitiva y emocionante carrera de periodista dentro de una redacción para enfocarme en esta nueva etapa de mi vida, colgándome el rimbombante título de Editora de Moda y Belleza. Eso sí, con toda la intención de adueñarme del papel y sumergirme en este divertido e interesante mundo de la moda, que dicho se de paso, me fascina.

A un mes del cambio, les puedo decir que mi vida es otra. Sigo sin tener mucho tiempo libre para dedicarle a este blog como quisiera. Para poner todas las recetas que quiero compartir y que añoro que el ciberespacio conserve, para desahogar las inquietudes de la maternidad, para dar tips ligeros y vanales de productos o actividades que me han funcionado, o para simplemente expresarme poniendo las fotos que he tomado y que no quiero que se queden perdidas en la memoria de mi computadora.

Pero bueno, la línea de fondo es que soy muy feliz. Soy feliz en Miami, soy feliz con mi nueva familia y soy feliz con este nuevo giro que ha dado mi profesión. Quizás el equilibrio sí existe.

¿Les dije que ya no trabajo los fines de semana?