Pintando con gises de colores

Si hay algo que me gusta hacer es pintar. Aunque en diferentes estapas de mi vida me he dado espacios para realizar esta actividad que tanto disfruto, lo cierto es que ya hace varios años que es poco el tiempo que le he podido dedicar a perderme en las horas y los colores, ya sean oleos, acuarelas, acrílicos o lápices.

Hoy, Cristina estaba desesperada por salir. Como con tanto viaje no nos hemos organizado para inscribirla a clases que le puedan servir, se la ha pasado mucho tiempo en casa. Así es que decidí darme un break del trabajo y sacar los gises de colores (para quienes no son mexicanos, la traducción es las “tizas” de colores), que ya desde hacía tiempo había comprado.

Y salimos Cristina, Carolina (su nanny) y yo a la banqueta a pintar. Aunque ya había tratado de hacerlo antes, nunca había tenido tan buen resultado como ahora, que no había más distracciones como cuando vamos al parque, y Cristina avienta los gises para irse al juego más alto, peligroso y no apto para su edad que encuentre.

Esta vez dibujamos unas flores, escribí su nombre, Carolina le dibujó un gato y yo terminé haciendo un enorme árbol. Cristina repasó, como si quisiera deletrear su nombre, identificó dónde estaba el gato, maulló como él, supo cuál era la flor y bailó y giró sobre los colores en el pavimiento, mientras Carolina y yo cantábamos.

Sí, y tomó los gises entre sus manos e hizo unos cuantos garabatos sobre la banqueta. A lo mejor está aún muy chica para dibujar, pero no deja de maravillarme cómo con cualquier actividad, por más simple que sea, aprende tanto.

Quizás no tenga tiempo para tomar una clase formal de óleo, o dibujar como antes lo hacía, pero hoy, Cristina, Carolina y yo nos convertimos en todas unas artistas callejeras.

IMG_9306 IMG_9308 IMG_9312 IMG_9318 IMG_9320 IMG_9327 IMG_9329