Sorpresas de viaje: Una granja de cuento

Cristina y yo disfrutamos muchísimo de la visita a la granja.
Cristina y yo disfrutamos muchísimo de la visita a la granja.
Cristina y yo disfrutamos muchísimo de la visita a la granja.

Este verano decidimos estresarnos lo menos posible y dejar que las vacaciones fluyeran, así es que organizamos un “road trip” totalmente espontáneo de Miami a Nueva York con las paradas que fueran necesarias. Nuestro viaje de ida se extendió por un periodo de 5 días en los que paramos en distintos puntos, incluídos varios restaurantes de comida rápida a los que jamás iría de otra manera, pero que me recuerdan invariablemente mi niñez y los viajes que hacíamos a Texas.

Soy una fiel partidaria de los viajes por carreteras, pues de los recuerdos más hermosos que atesoro de mi infancia y juventud fueron esas largas horas por carretera viajando con la familia o amigos en los que se establecían de esos lazos que duran para toda la vida. Y es que la convivencia obligada por las distancias hacen que nos demos el tiempo para estar juntos largas horas que normalmente no nos permitiríamos.

Y bueno, una de las más hermosas sorpresas de este viaje que aún no termina, fue el encontrarnos en el estado de Virginia, justo en las afueras de Washington DC con una granja,  Frying Pan Park, que en cuanto Cristina vio empezó a gritar “Farm! Red!” (sí, aunque le hablamos en español, mi hija está aprendiendo los dos idiomas a la vez los cuales combina a su conveniencia).

Así es que no tuvimos más remedio que pararnos para que Cristina corriera a descubrir por primera vez en una granja de verdad en dónde estaban los “pigs”, “cows”, “sheep”, “goats”, “chicken”, y demás animales de la granja del Viejo McDonald.

Aquí les dejo las fotos de esta hermosa e improvisada sorpresa. Sí, porque los más maravillosos recuerdos son aquellos que no esperábamos y llegan espontáneamente convirtiéndose en generosos regalos que nos da la vida.