La importancia de estar presentes

Nos divertimos muchísimo explorando la ciudad.
Nos divertimos muchíismo explorando la ciudad.
Nos divertimos muchísimo explorando la ciudad.

Hace exactamente 28 años, cuando yo aún no cumplía los 15, llegué a un pueblito del Medio Oeste americano en el estado de Ohio.

Era la primera vez que me iba yo sola por tanto tiempo de casa —todo un año escolar—, un proyecto que acariciaba noche tras noche desde que tenía 12 años. Y como todos los que hemos vivido más de dos décadas sabemos, a esa edad dos años representan un gran porcentaje de nuestras vidas.

Mis padres, deseosos de que aprendiera inglés, me apoyaron muchísimo en el proyecto, pero me dejaron que yo sola llenara todas las solicitudes y me responsabilizara de obtener los requisitos que en aquel tiempo el único programa de intercambio académico que existía en mi norteña ciudad de Chihuahua exigía para participar.

La experiencia de vivir en Miamisburg, Ohio, a los 14 años no fue del todo fácil. El hacer amigos y adaptarme al ambiente escolar de la escuela preparatoria pública a la que asistía no me fue nada sencillo, sin embargo al terminar mi año escolar regresé a mi hogar no sólo con un excelente manejo del inglés y con la semillita sembrada de querer aprender más idiomas, sino con una importante relación que duraría todo lo que hasta ahora llevo de vida.

Ellen, quien en ese entonces no cumplía ni los 30 años, pero que generosamente me abrió las puertas de su casa y de su entonces familia, ha sido una persona que ha estado presente desde entonces en momentos importantes de mi vida. Estuvimos conectadas a través de correspondencia escrita durante mi paso por la preparatoria y la universidad, estuvo en mi primera boda y compartió mi enorme alegría cuando me gané la beca para irme a Harvard.

Eso sin olvidar mencionar que todos los años en diciembre me llegaba una enorme caja, que ella cuidadosamente preparaba cada Navidad, llena de regalos acompañados de una carta con fotografías que hacían un recuento de su año,

Desde que me vine a vivir a Estados Unidos no ha habido un año en el que no me hayan visitado ella y su esposo Bruce o me hayan enviado el boleto de avión, cuando yo no he tenido los recursos, para que yo vaya a verlos.

Ellen estuvo en mi graduación de Columbia, durante mi proceso de divorcio, cuando inicié una nueva relación y, en cuanto pudo, viajó hasta Miami a conocer a Cristina con apenas meses de nacida.

Y, bueno, este verano, mi familia y yo fuimos invitados a un festival irlandés en Milwaukee, lugar en donde ahora viven Ellen y Bruce. La invitación vino con muchos meses de anticipación y con una gran ilusión de parte de ellos de ver a Cristina en un festival lleno de pelirrojos como ella.

Fue un fin de semana en el que Cristina y yo disfrutamos, compartimos y recibimos el cariño de esta familia, que sin ser la nuestra propia, consideran a mi hija como una nieta más.

Si bien, ésta ha sido una relación que hemos construido ambas a lo largo de los años, hoy, varias décadas después, me doy cuenta que si hay alguna enseñanza o legado que ese año en Ohio me dejó, más que el aprender un segundo idioma o conocer otra cultura, es el conocer y poner en práctica la importancia de a pesar de la distancia y los giros que da la vida, hacer el esfuerzo por mantener el contacto con las personas que han marcado nuestras vidas.

Hoy con las redes sociales puede parecer mucho más sencillo que antes, pero de la misma manera requiere de la voluntad y un esfuerzo consciente el estar realmente presentes para las personas importantes.

Ésta fue la mejor lección que ningún otro intercambio escolar me pudo haber enseñado.

Los invito a que vean las fotografías de este hermoso fin de semana en Milwaukee.