Embarazada, ¡a los 43!

Sonograma a las 11 semanas. Como decidimos practicarnos el CVS ahora supimos muy pronto que va a ser niño.
Afortunadamente en mi primer y segundo embarazo me he sentido muy bien. Aquí afuera de Lincoln Center cubriendo Fashion Week en septiembre del 2014.
Afortunadamente, en mi primer y segundo embarazo me he sentido muy bien. Aquí afuera de Lincoln Center asistiendo, ahora como blogger, a Fashion Week en septiembre del 2014.

Si bien, en mi mente juvenil siempre pasó la idea de casarme, convertirme en madre y formar una familia, nunca pensé que esto sucedería después de mi cuarta década.

Viniendo de una sociedad tan conservadora, como la que impera en la provincia mexicana, el casarse después de los 25 y tener hijos ya casi llegados los 30 siginificaba poner en riesgo la familia que toda señorita decente que aspirara a convertirse en mujer respetada debía de formar.

Ya desde los 30 empezaba a escuchar comentarios como “se te va a pasar el tiempo”, “espera a que tu reloj biológico empiece a hacer tic-tac”.

Y bueno, quizás eran alertas bien intencionadas que venían con mucha premura, pero que me hicieron que al divorciarme, sin hijos, y a punto de cumplir los 35, me enfocara en esos últimos 5 años de mis 30 a conseguir a un compañero de vida que fuera el padre de mi(s) hijo(s).

Acostumbrada a cumplir con deadlines, y con esa meta bien fija de tener un hijo antes de lo 40, yo ya no estaba dispuesta a perder el tiempo a mis 35. Sólo que en esta etapa de mi vida ya no estaba en Chihuahua ni en Monterrey, en donde muchas de mis amigas ya tenían varios hijos, sino en Nueva York, en donde yo no era la excepción sino la regla, y era una más de la gran multitud de mujeres buscando marido con su reloj biológico haciendo tic-tac cada vez más rápido.

¿Fue la determinación, que hizo que viera en mi ahora marido todas las maravillosas cualidades que pasaron desapercibidas en mi adolescencia cuando ya lo conocía, o la suerte de reencontrarme con el hombre indicado? Quizás ambas. Lo cierto es que llegué a mis 40 con mi hermosa Cristina en los brazos, agradeciendo que, contrario a lo que yo pensaba, el quedar embarazada a esa tardía edad no requirió de mucho esfuerzo.

Y sí, llegué a mis 40, con Cristina en mis brazos. Aquí en su bautizo que fue en Chihuahua.
Y sí, llegué a mis 40, con Cristina en mis brazos. Aquí en su bautizo que fue en Chihuahua. Foto: Nacho Guerrero

Pues bien, ya habiendo recibido esa tan planeada y cronometrada bendición, seguía la siguiente cuestión: ¿queremos un bebé más?

No voy a mentir. Tanto mi marido como yo secretamente queríamos tener un hijo más, pero a la hora de platicarlo siempre nos ganaban cuestiones como el miedo de presentar problemas congénitos por la edad de ambos, el hecho de todo el trabajo y responsabilidad que un hijo implica (él ya tiene 3), que viviendo en Miami la ayuda y el espacio (a comparación de Chihuahua) suele encarecerse, o una, muy importante para mí y que todavía me preocupa: ¿Me va a alcanzar la vida y la salud para acompañar a este pequeño hasta que pueda valerse por sí mismo?

En fin, siempre habían buenas razones para decidir que era mejor dejar así la familia. Tantas, que hasta opté por hacer una venta de garaje con todas las cosas de bebé de Cristina.

Pero un día cambié el sistema operativo de mi iPhone. El app para llevar el conteo de mis periodos, del cual no había comprado la versión plus, no registró la información pasada y simplemente, cual adolescente, se me fueron las cuentas.

El resultado: una prueba de embarazo positiva ante nuestros incrédulos y atónitos ojos, que no podían dar crédito que el concebir a estas alturas de la vida fuera así de sencillo y milagroso.

Sonograma a las 11 semanas. Como decidimos practicarnos el CVS ahora supimos muy pronto que va a ser niño.
Sonograma a las 11 semanas. Como decidimos practicarnos el CVS ahora supimos muy pronto que ¡va a ser niño!

Para quedarnos tranquilos decidimos que me atendiera con mi médico de Nueva York, quien se especializa en embarazos complicados (siendo que ninguno de los míos hasta el momento lo ha sido). Estando en uno de los consultorios para hacerme distintos tipos de exámenes, rodeada de cuarentonas embarazadas como yo, la doctora muy discretamente me preguntó “¿es un embarazo natural?”, ya que a estas alturas de la vida es muy común en esta ciudad valerse de la ciencia para dicho fin.

Al mostrarse sorprendida cuando le dije que sí y que ni siquiera había sido conscientemente planeado, me di cuenta no solo de la grandísma bendición que es un embarazo, sino de la magnitud del milagro de dar vida a esta edad, cuando ya muchas de mis contemporáneas en otras partes del mundo se preparan para ser abuelas.

Ventajas y desventajas con respecto a la edad siempre las hay, pero de lo que no me queda duda es lo milagroso, inexplicable y mágico que es ese momento en el que se enciende una vida.

¡Bienvenido, te estamos esperando con muchísima ilusión!