I’m sexy, (embarazada), and I know it!

Aquí en plena acción. Gracias, Claudia Solís, por la foto.
Tras una intensa sesión
Con Janet Jones, creadora de Vixen Workout, tras la sesión de baile.

Cuando supe que estaba embarazada lo primero que hice fue cambiar las clases de Zumba y FitDance que tanto me gustan por la yoga y la natación.

Por alguna razón, pensé que el hacer ejercicio de tan alto impacto estando embarazada no era tan buena idea, siendo que en realidad tengo tres años bailando en estas clases y me encuentro en muy buena condición física.

Y es que tengo que confesarles que estas clases de baile, una de las mejores cosas que me ha dado Miami, y  que  descubrí apenas me repuse del parto de Cristina, son algo que realmente ha cambiado la relación que tengo con mi propio cuerpo.

Habiendo pasado mi adolescencia en los 80 y luego la primera fase de mi edad adulta en los 90, el tener amplias caderas, voluminoso busto y trasero,  piernas cortas y fuertes, y brazos robustos no era algo que concordara precisamente con el ideal de figura femenina al que aspirábamos las jóvenes mexicanas de aquél entonces.

En la mente colectiva existía la idea de que debíamos tener el cuerpo de Jane Fonda o el de Oliva Newton John, o ya entrados los 90 —peor aún— el de Kate Moss. Claro, siempre tuvimos nuestras versiones mexicanas a las cuales admirar: Bibi Gaytán, Adela Noriega, Thalía, o ya si éramos muy fresas a Ilse, de Flans (mi favorita).

En fin, ninguna de ellas se distinguía por tener muchas curvas. Puedo asegurar que un gran porcentaje de mujeres de mi generación creció aspirando a tener una figura la cual jamás podría alcanzar por muchas dietas, malpasadas, ejercicios o cirugías que se hiciera.

A mediados de la década de mis 20, en un acto de rebeldía más que de aceptación, decidí que ya no quería pasar por una dieta más, meter a mi organismo ninguna pastilla, inyección o té mágico que me hiciera adelgazar, y opté por hacer ejercicio y aceptarme tal cual soy.

Pero lo cierto es que esta anhelada aceptación incondicional de mi físico ha sido una lucha constante, en la que he logrado la mayor parte del tiempo celebrar y agradecer mi figura, para muchas otras caer y dejarme  envolver por esas voces que desde muy del fondo de mi mente me empiezan a gritar que soy una “¡goooooooooorrrrrrda!”.

Lo anterior había pasado recurrentemente en distintas etapas de mi vida hasta que me mudé a Miami y empecé estas clases que más que jazz y hip-hop son movimientos latinos que tienen que ver con la salsa, la bachata, la cumbia, la samba, el merengue y todos esos ritmos que celebran la sensualidad femenina.

Me dí cuenta que independientemente de mi peso, mi edad o mi figura, lo que puedo proyectar bailando va mucho más allá de lo que yo misma pensaba de mi propio físico.

Así es que me hice asidua a esas clases en las que nos fomentan que nos movamos sacando toda la sensualidad reprimida y apagada por esos cánones estéticos y tabús sociales que se nos exigían (¿o siguen exigiendo?) hace algunas décadas.

En esas clases empecé a practicar el twerking de Miley Cyrus que Miley Cyrus cree que inventó, los contoneos de cadera al ritmo de las canciones de Pitbull, así como mis primeros pasos de samba, junto con mujeres de todos los tamaños, edades, nacionalidades y figuras imaginables, que al igual que yo, llenan esas clases impartidas en el Equinox de Coral Gables.

Algo que jamás me hubiera atrevido a hacer en mis épocas del gym en San Pedro (Monterrey), quizás mucho menos en Chihuahua, en donde proyectar esa sensualidad, así fuera en una clase de baile, no es algo que fuera (al menos hace una década) muy bien recibido.

Era una hora en la que yo me transformaba, olvidándome de todo: de la báscula, de mi talla, de mi estatura, de mis complejos, y de todo mi estrés cotidiano… ¡y que perdí cuando me volví a embarazar!

Hasta que la semana pasada me buscaron de la revista Cosmopolitan para que asistiera como bloguera invitada a cubrir un evento de la marca de cosméticos Urban Decay que realizaba junto con Janet Jones, la creadora de la técnica de baile y entrenamiento Vixen Workout.

La verdad, me causó gracia y acepté la invitación adviritiéndole a quien me invitó que eso iba a ser bastante curioso con mi ya avanzada panza de casi 20 semanas de embarazo.

Así es que me puse mis leggings —con banda para sostener la panza integrada— mi camiseta blanca de maternidad que conseguí baratísima en H&M, mis tenis, y me dirigí al gimnasio Body and Soul de Coral Gables en el que era la cita, dispuesta a pasar un buen rato.

La mañana estuvo muy divertida, estuvimos con expertas maquillistas que nos presentaron la colección Naked de Urban Decay y nos enseñaron cómo aplicar un maquillaje súper natural. Conviví con otras amigas blogueras, me tomé unos ricos y nutritivos jugos, y finalmente llegó la hora de la clase de baile.

Si bien, Vixen consiste en otra técnica y otra música distinta a la de mis otras clases, la esencia detrás es la misma: reconectarnos con nuestro cuerpo, amarlo, quererlo y celebrarlo como es. Y hacerlo bailando.

Así es que olvidándome de mi panza, de que ya no quiero ni saber en qué letra del abecedario va mi copa, y de que mi trasero cada vez está más ancho, me dispuse a bailar en medio de estas entusiatas blogueras y periodistas, muchas de ellas con una figura envidiable, procurando no tomarme nada en serio a mí misma a pesar de la cámara de televisión que estaba ahí para grabarnos.

La experiencia: invaluable.

Si antes había logrado aceptar con el baile mi figura tan apaleada y poco valorada (por mí misma) en décadas pasadas, hoy con esta lección de baile logré reconciliarme con mi maternal cuerpo que se prepara para dar a luz.

Me sentí tan bien, tan llena de endorfinas y de energía, que a los dos días volví a la clase que había abandonado. Y desde la primera fila descubrí que no sólo mi cuerpo puede seguir moviéndose armónicamente al ritmo de la música, sino que a mis 19 semanas de embarazo mi condición sigue intacta y pude aguantar toda la clase, sin correr el riesgo de elevar demasiado mis pulsaciones cardíacas.

Y bueno, aquí les dejó unas cuantas fotos del evento.

Gracias Marie por enviarme, Urban Decay y Vixen por organizar esto, y a Miami por ser una ciudad en el que las curvas que tenemos las latinas son acogidas y celebradas.