Cuando llega el segundo / When the second arrives

Gaby, Cristina y Guillermo

Spencer y Guillermo

Guillermo, Cristina y yo

Con Guillermo

En estos momentos en esta casa se vive un perfecto caos. Un caos que está lejos de todo orden, glamour, sentido de la estética, pero que en sí es perfecto.

Nuestros amigos muy queridos han venido a visitar, para conocer a Guillermo y llenar de cariño a Cristina, que quien como nueva hermana mayor que es necesita mucho más el refuerzo de que sigue teniendo su lugar.

Y cuando llegan, en lugar de ser recibidos con flores, bebidas, bocadillos, un lindo y organizado cuarto del bebé, o recuerditos del recién nacido, se encuentran un departamento brooklyniano de una habitación lleno de juguetes, biberones y ropa sucia.

Yo he tenido la suerte de tener tiempo de bañarme todos los días y alcanzar a bañar a Cristina, quien no siempre ha tenido la fortuna de que logre peinarla antes de que su hermano llore pidiendo comida o cambio de pañal.

Ni se diga yo, que no he salido de un chongo y que el maquillaje, por el momento no ha podido ser incorporado a mi rutina, ni siquiera para recibir visitas.

Ya ni mi ropa de embarazo ni mi ropa de antes me quedan, así es que tengo nuevamente que ingeniármelas para vestirme lo mejor posible sin dedicar presupuesto alguno a esta etapa transicional para estar, sobre todo, cómoda y sentirme bien.

Estos días en los que hemos podido disfrutar nuestros primeros momentos como familia de 4 (próximamente de 6 cuando nos reunamos con sus otros dos hermanos en Miami), han sido un enorme recordatorio de que en esta vida muchas veces hay que aligerar el paso, bajar las expectativas y vivir cada momento como parte de la caótica perfección que es nuestro caminar por este mundo.

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In this very moment, we are living in a perfect chaos. A chaos that is far away from any kind of order, glamour, aesthetic sense, but that is just perfect.

Our very dear friends are coming to visit, to get to know Guillermo and to give Cristina all the love that like any new big sister needs to have the reassurance that she still has her place.

And when they arrive, instead of finding flowers, hors d’oeuvres, drinks, a beautiful baby nursery or newborn keepsakes, they get instead a one-room Brooklyn apartment full of toys, baby bottles and dirty laundry.

I’ve been lucky enough to find the time to shower every day and give Cristina a bath. She hasn’t always have the fortune of having her hair done before her little brother cries asking for food or a fresh diaper.

And me, the only thing I can do is to put my hair up in a bun and forget about make-up, which doesn’t exist in my life anymore, not even for receiving our guests.

My maternity clothes don’t fit anymore, neither the clothes I used before, so I have to be resourceful enough to find how to dress without spending money in this transitional stage, and find how to feel comfortable.

These days in which we have enjoyed our first moments as family of four (very soon of six, when we reunite with their other two siblings in Miami) have been a huge reminder that in this life sometimes we have to walk slowly, lower our expectations and live each moment as part of this chaotic perfection which is our transition through this world.