Cazadoras de arcoiris /Rainbow hunters

Cazadoras de arcoiris

 

Cazadoras de arcoiris

 

Cazadoras de arcoiris

 

Cazadoras de arcoiris

 

Cazadoras de arcoiris

 

Cazadoras de arcoiris

Las mamás somos cazadoras de arcoiris.

Sí, porque en medio de esos días en los que aparentemente nada es perfecto, en los que caen diluvios de llanto infantil, se nubla el panorama con un regadero de juguetes o se desata una enorme tormenta eléctrica de furia frustración o desesperación, siempre hay un instante de perfección total que nos recuerda la belleza de la maternidad.

Como esa primera sonrisa de un bebé, un “mami, gracias” acompañado de un abrazo o la más loca ocurrencia que nos desata una carcajada. Todos esos son arcoiris que vamos sumando a nuestra bella colección de recuerdos.

Arcoiris que quisiéramos que duraran más de lo que duran, que quisiéramos atrapar para siempre con un lente y que, aún así lo hagamos, su belleza jamás podrá ser retratada, así es que no nos queda más remedio que intentar guardarlos celosamente en nuestras mentes para siempre.

Momentos llenos de color tan efímeros, que si no estamos con todos nuestros sentidos ahí para disfrutarlos, se nos escapan.

Curiosamente uno de mis últimos “arcoiris” vino acompañado de un hermoso arcoiris en la vida real, que llegó una tarde de playa, con mis dos pequeños, tras una tremenda tormenta que nos hizo correr a resguardarnos bajo una palapa.

Después de la breve tormenta, volvió a salir el sol y un enorme y brillante arcoiris se asomó en un arco perfecto sobre el mar. Cristina, que nunca había sido consciente de ver uno, se emocionó muchísimo y me preguntó:

– “Mami, ¿dónde están los unicornios?”.

Con una niña de tres años es mejor que una no pierda el tiempo explicando que no existen, porque en su infantil mente sí que son reales, así es que sólo le dije “sígamos buscándolos”.

Como es de esperarse, ese momento de perfección celeste duró sólo unos cuantos instantes y se extinguió.

Desde entonces, Cristina me pregunta que cuándo vamos a ver otro, y le explico que los arcoiris llegan por sorpresa, cuando menos los esperamos, duran un instante y se van.

Mi pequeña sigue viendo al cielo esperando su siguiente arcoiris, mientras yo con mis ojos en ella espero el mío.

…..

Moms are rainbow hunters.Yes, because those days in which apparently nothing is perfect, in which children tears pour, the forecast is clouded with toys everywhere, or a fury, frustration or exasperation electric storm hits, there is always a brief moment that remind us the beauty of being a mother.

Like that very first baby smile, a “mami, thank you” with a big hug or the most crazy idea that makes us laugh. All those are rainbows that we add to our beautiful collection of memories.

Rainbows that we would like to last more than what they do, that we would like to capture for ever with a lens, and that, even though we do it, their real beauty will never be able to live in a portrait, so we have no choice but trying to keep them in our minds forever.

Colorful and ephemeral instants, that if we are not completely aware with all our senses to enjoy them, they just escape.

Interestingly one of my lasts “rainbows” came with a beautiful real life one, that appearedduring an afternoon on the beach, with my two little ones, after a very strong storm that made us run to look for a roof.

After the brief storm, the sun came again, and a huge and brilliant rainbow appeared with a perfect arch. Cristina, who was never aware before of seeing a rainbow, was really excited and asked me:

– “Mami, where are the unicorns?”

With a three year old is better not wasting time trying to explain that they don’t exist, because in her mind they really do, so I just said, “let’s keep looking for them”.

And, like we could expect it, that perfect moment lasted just few instances and extinguished.

Since then, Cristina keeps asking when we are going to see another one, and I explain her that rainbows come by surprise, when we less expect them, last an instant and fade.

My little one keeps looking at the sky waiting for her next rainbow, and I with my eyes on her wait for mine.