Gorda y malhumorada / Fat and in a bad mood

Sí, llegó el día.

El día en que, después de 9 meses de embarazo y casi 3 de mi bebé en este mundo, me puse ese vestido “holgado” esperando entrar perfectamente y tras hacerlo pasar casi a la fuerza por mis caderas lo único que logré fue quedar frente al espejo con esa sensación de ¡nada me queda! (léase: hoy no me gusto a mí misma na-di-ta).

Y aunque todo mi lado racional, combinado con mi más profundo y autocompasivo zen, me dice que no espere tener el cuerpo que tenía antes, que si hay algo que imponga las reglas en este mundo es la impermanencia, y que mi cuerpo cambia —embarazada o no— cada instante, hay simplemente días en los que la parte más rebelde no entiende razones ¡y quiere que le regresen ese cuerpo “de antes”!

Sí, ese cuerpo de antes, que antes de todos modos no quería ni apreciaba, y que a lo largo del tiempo, de muchas terapias y luchas internas aprendí a querer.

Ese cuerpo que ahora (bueno, hoy no, precisamente) celebro, cuido e intento mantener lo mejor posible, no para que se vea de 20, ni de 30, sino para que a mis 40 se mantenga en las mejores condiciones para durar otros 40, ¿o por qué no? ¡50 años más! en este mundo funcionando.

Bueno, pues con ese sentimiento, casi adolescente, de no encontrar mi lugar en mi propio cuerpo, y con la certeza de la impermanencia, que no sólo incluye a mi cuerpo, sino a este paradisiaco lugar en el que vivo y que no sé cuánto tiempo será mío, decidí ponerme protector solar, un sombrero, hacer lo mismo con Guillermo, cargarlo en el BabyBjörn, y dirigirnos a la playa en busca de la actividad física perdida (que ésa sí espero recuperar).

Intenté distraer mi mente del roce de mis muslos prometiéndome a mí misma que la próxima vez sacrificaría color en las piernas por comodidad, optando  unos leggings en lugar de shorts.

Así como también fijando mi atención en las palmeras, en lo lindo del cielo, en la amabilidad de mis vecinos y tratando de sacar unas cuantas fotos y snaps para mi Snapchat (@anacrisen).

Yes, the day has come.

The day in which, after 9 months of pregnancy and almost 3 of my baby in this world, I tried that “loose” dress hoping to fit perfectly in it. After making it go through my hips the only thing I got was the image of myself in front of the mirror with the “I don’t have anything to wear” sensation. (AKA: Today I don’t like myself at-all).

And even though my most rational side, combined with my most profound and self-compassive zen, tells me that I shouldn’t expect to have the body I did before, and that if something is true in this world is the impermanence, so my body changes —pregnant or not— every second, there are days that the most rebel part doesn’t understand reasons and just wants my former body back!

Yes, that body that before, anyways, I didn’t like or appreciate, and that with the time I learned to love.

That body that now (well, not exactly today) I celebrate, take care of and try to keep in its best possible shape, not for looking like if I was 20 or 30, but to have it last another 40 or (why not?) 50 years functioning.

Well, with that sensation, almost adolescent, of not being able to find my place in my own body, and with the impermanence on mind, that does not only includes my body, but this paradise in which I live and I don’t know how long will be mine, I opted for applying solar protection, a hat and do the same with Guillermo, put him in the BabyBjörn and head to the beach in search of the physical activity I lost (and that I definitely going to take back).

I tried to distract my mind from my rubbing tights promising myself that next time I will sacrifice a tan for comfort and will wear leggings instead those tiny shorts.

I also tried to center my attention on the palm trees, the beautiful sky, the kindness of my neighbors and making some pictures and snaps for my Snapchat (@anacrisen).

PalmerasGuillermo quien iba feliz al principio del paseo, no tardó en caer dormido. Y yo pude caminar antes de que nos dieran las 10 de la mañana y el sol pegara más fuerte, intentando dejar en cada respiro mis frustraciones y agradeciendo el hecho de poder estar ahí en ese instante con mi pequeño.

Guillermo, who has very happy with the outing, fell very soon asleep. And I could walk before it was 10 a.m. and the sun got stronger, trying to leave in each breath my frustrations being thankful for being able to be there in that very moment with my baby.

En la playa

Al final, me senté un poco con Guillermo en brazos a contemplar el mar. Sí, me sentí un poco mejor, contenta de haber empezado bien la semana, pero aún con esa sensación de teenager que no se siente cómoda en su propia piel.

¿Serán las hormonas, la maternidad, los casi 44?

No importa. Si hay una verdad en este mundo es, como ya lo mencioné,  la impermanencia, y esta mezcla de sentimientos que llevan todos finalmente a la culpa por la ingratitud, también pasarán…

Espero.

….

At the end I sat down with Guillermo in my arms to see the sea. Yes, I felt a little bit better, happy to start so well my week, but also still with that teenager-who does-not-feel-comfortable-in-her-own-skin sensation.

Is it because the hormones, maternity or my almost 44 years old?

Who knows. But if there is something true in this world is the impermanence, how I already mentioned, and all these feelings that all end in guilt for being ungrateful, will also pass.

I hope.